En estos momentos hablar de Irak es hablar de una ciudad destruida por la ignominia de los bombardeos, del saqueo de sus riquezas culturales, de la inestabilidad política y social en la que se encuentran sumergidos, pero sobre todo, es hablar del sufrimiento del pueblo que padece hambre, enfermedades y humillaciones ante un enemigo insensible a las diferentes formas de concebir el mundo.
Aunque los medios masivos de comunicación afirmen que las hostilidades han terminado, la lucha por el poder y el control de la zona aún continúan. En un plano político la pugna entre las diferentes tribus islámicas locales, así como la nefasta ingerencia de Estados Unidos en esta decisión, demuestra que la violencia no termina, mientras el pueblo sigue pagando las consecuencias de intereses que afectan sus propios problemas.
Las causas que desencadenaron esta guerra como el posicionamiento geopolítico-militar de los Estados Unidos en Medio Oriente, la explotación del petróleo con beneficio para el imperialismo, así como el arranque de vengativa soberbia por parte de George Bush, son pruebas irrefutables de que hemos llegado a una etapa en la que hay que ponerle fin a las atrocidades provocadas por el control del mundo.
Todas las protestas que surgieron son manifestaciones que evidencian el repudio de los pueblos a la crueldad de la que es capaz esta gente en el gobierno. Es admirable esta capacidad organizativa, pueblos solidarizándose con su homónimo en Irak.Ý Sin embargo, estas protestas se caracterizaron por pedir una paz carente de objetivos claros, es decir, perdieron de vista el motor de la destrucción que es el capitalismo.
La situación del pueblo iraquí no es un espectáculo televisivo ajeno a lo que vivimos constantemente, por el contrario, es la más transparente prueba de que Estados Unidos no tiene amigos sino intereses, y que está dispuesto a masacrar pueblos enteros con tal de lograr sus fines. ¿Qué nos asegura que el día de mañana no seamos nosotros una víctima más de la violencia imperialista?
Actualmente en nuestro país intentan impulsar una reforma eléctrica que no es más que la posibilidad de privatizar este sector energético, esto trae como consecuencia que el dinero extranjero compre la Comisión Federal de Electricidad y Luz y Fuerza del Centro, así nosotros pagaríamos la luz a manos gringas enriqueciéndolas a costa de nuestro trabajo. Y este es sólo un ejemplo de lo que se está haciendo para sojuzgar una vez más a nuestro pueblo, tal vez sin violencia pero sí con acciones que por debajo del agua poco a poco golpean nuestros intereses.
Es por ello que debemos hacer conciencia y no olvidar que lo que está pasando el pueblo de Irak nos puede pasar a nosotros. Si en estos momentos no luchamos por defender lo poco que nos queda y transformar los errores del pasado, no podemos esperar más que un futuro sombrío. En nuestras gargantas está la voz para denunciar las injusticias, en nuestros puños la fuerza para transformar y construir nuestro mañana.
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ÝPor: Guillermo Daniel González Colín